lunes, 23 de mayo de 2016

Lo que soñé

Anoche soñé que entraba, entraba a la casa, la casa donde crecí y me formé, lugar donde saltan los recuerdos  como sapos sin avisar en tiempos de lluvia y en medio de la noche, de forma repentina.
No fue fácil entrar, cuando la gente me vio acercarme a la casa me dijeron:
 -No entres, ahí espantan.
Yo insistía, tenía que entrar, revisar qué había, qué muebles quedaban, buscar papeles, fotos, evidencias de algo que me arrojara información sobre el paso del tiempo, a ciencia cierta, no sé qué quería saber.
Me acerqué al portón, ese portón blanco de herrería con un diseño muy utilizado en los años 70, son rombos, sólo rombos y que en su conjunto forman como flores silvestres, pero por si solos son sólo rombos.
Desde la ventana que da al despacho, vi camas destendidas, cosas revueltas, artículos conocidos muy familiares que me traían recuerdos y golpeaban mi memoria, estaban tirados, el desorden era lo que predominaba en la casa, mi casa. 
Dentro del sueño yo misma sabía que desde la ventana del despacho no se podían ver camas, debía ver escritorios, libreros, máquinas de escribir, papeles, libros sueltos y viejos, que habían pertenecido a la familia, la familia de mi madre, pero camas no, me sorprendió esa imagen pero no me detuve en ello, me sentí confundida en el sueño, pero seguí con la intención de entrar a la casa, en la banqueta los vecinos empezaban a juntarse y decirme:
-No entres, ahí espantan.
La gente que ha intentado entrar dicen que ni bien han cruzado la puerta, la segunda puerta de la casa sale una niña como de 8 o 9 años despavorida y gritando que nadie puede entrar, que esa es su casa, su espacio, la gente dice que es una niña que vivió ahí y murió en un accidente y como la casa está sola, ella la cuida hasta que lleguen sus hermanos, quienes le sobreviven, dicen que ella dice:
-Nadie puede entrar, yo estoy cuidando, sólo pueden entrar mis hermanos, yo tengo tres hermanos y una hermana, avísenles que yo estoy acá cuidando la casa, resguardando lo que nuestros padres dejaron, por favor busquen a mis hermanos.
Los vecinos cuentan que han intentado entrar y nadie ha podido, se dice que malandrines y amantes de lo ajeno merodean la casa para robar, pero en cuanto ponen un pie, la niña sale como bólido y no los deja, los que han intentado inmiscuirse en su territorio salen espantados sin llevarse nada, la niña protege todo con ahínco, los espanta y la gente tiene que huir.
Los vecinos también cuentan, que en el día se ve la sombra de una Sra. escribiendo a máquina, todo el día escribe, la gente se asoma por las ventanas, entre sombras la ven, no se distingue del todo porque una especie de cortina gris la tapa como si un nublazón no permitiera verla, pero si ve  la Sra. escribiendo a máquina, dicen que esa Sra. fue la dueña de la casa, que ella era contadora y todo el día trabajaba, arreglando papeles, en la casa había un despacho de contabilidad, y por ello por algunas ventanas se ven máquinas de escribir, escritorios, papeles en desorden, sillas que esperan a los clientes que durante años ocuparon y fueron usadas para revisar su contabilidad.
En mi sueño, a pesar de las amenazas de los vecinos mi intención por entrar no cesaba, busqué ayuda, pedí a los vecinos que me acompañaran a entrar a la casa, nadie quería arriesgarse, después de varios pláticas dos valientes decidieron acompañarme, con temor pero a la vez con una ilusión indescriptible, en mi sueño me vi abrir el portón, por fin estaba en mi casa, en cuanto cruce la segunda puerta de la casa, la puerta que da acceso a la sala, en efecto una niña colocha y despeinada salió despavorida a mi encuentro, me abrazó, su cabeza daba a la altura de mis hombros y la clavó en mi pecho con amor, con esperanza, sentí su olor, era mi hermanita, tal como decían los vecinos murió en un accidente, ella me abrazó fuerte, correspondí con amor a su abrazo, fue un abrazo de un rencuentro inesperado, nos abrazamos  muy fuerte, entre sollozos y alegría me dijo ¡qué bueno que ya llegaste! Llevo mucho tiempo esperándote, pasa, hay mucho que platicar.
Eso soñé anoche, no todo coincide, algunas cosas si, otras no, pero si era mi casa allá en mi pueblo donde crecí, mi madre era contadora, mi hermana murió en un accidente, tiene tiempo que no voy a mi casa, sin considerar lo que no coincide, sabiendo que los sueños son desbaratados, me pregunto qué aviso me quiere dar ese sueño, no lo sé, pero eso fue lo que soñé.
Fabiola Guerrero Ojeda.
23 mayo 2016.


martes, 22 de marzo de 2016

49 años



“Si pudieras escarbar en mi pecho, y escarbar en mi alma, y escarbar por debajo de las tumbas, no encontrarías nada. Es sólo el tiempo el que nos pone algo en las manos, una fruta, una piedra, algodones o vidrios”.
Jaime Sabines.

Hoy festejo la vida, estoy feliz de cumplir 49 años,  agradezco todo lo que tengo, mi familia, a mi Joselito, mis Joselitas, hermanos, sobrinas y sobrinos, Eliseo García Gracida (mi padre adoptivo), mi querido Tío Milo, agradezco la presencia de mis amigas y el recorrer juntas el camino de la vida, mis primas y primos, toda la familia Ojeda, cuñadas, agradezco mi salud, aunque se ha visto mermada algunas veces, acá sigo y bien, doy gracias por vivir a Dios.
Celebro mi crecimiento espiritual, todo lo vivido, festejo estar, estoy muy contenta por ello, me alegra llegar a esta edad porque me gusta vivir, me gusta la vida con todo las vicisitudes que pueda haber en ella, la vida vale la pena. Estoy contenta con la familia que me tocó, y como dice mi amado paisano Jaime Sabines, “Eso que llaman felicidad  no es más que un acuerdo con uno mismo”, desde hace tiempo hice un pacto conmigo misma.
Me he propuesto muchas metas, todas las he logrado con mucho esfuerzo, nada ha sido fácil, en estos 49 años, lo que más tengo es un sentimiento de agradecimiento por lo que hay en mi vida, lo visible y no visible, las personas que están y las que estuvieron, todos han dejado huella y aprendizaje.
Mi madre me contaba que desde que nací tuve problemas de salud,  ello a lo largo de la vida, lo que principalmente me ha dejado es valorar con mayor intensidad la vida, amo la vida, amo vivir, gracias a todas y cada una de las personas que se han cruzado en mi camino, gracias, hoy festejo mis 49 años de vida, conmemoro la vida, agasajo vivir.
“Les dejaré una cosa el día último,
la cosa más inútil y más amada de mí mismo,
la que soy yo y se mueve, inmóvil para entonces,
rota definitivamente.
Pero les dejaré también una palabra,
la que no he dicho aquí, inútil, amada”.
Jaime Sabines.


Fabiola Guerrero Ojeda.

martes, 19 de enero de 2016


Tío Milo

Enero, 2016.
Querido tío Milo:
Una vez más quiero expresarte mi cariño y agradecimiento por haber incidido en mi formación, fuiste una parte fundamental en mi infancia, quizá tú no te diste cuenta que con pequeñas acciones en tus visitas a Arriaga jugaste una pieza fundamental para que tuviera un niñez feliz y eso me hizo ser ahora un adulto de bien.
Creo no te lo había dicho, pero de pequeña tú fuiste mi figura paterna, cada vacaciones con mucha alegría esperaba tu llegada, tu visita era sinónimo de fiesta y alegría en la casa, era romper la rutina y tener un espacio para ir al mar, a las sodas con don Melesio, jugar ajedrez, platicar, comer más rico que de costumbre, jugar con mis primos y convivir con un tío, que ahora me doy cuenta que eras como mi padre, gracias tío por ello.
Gracias tío por todo, por tu cariño, por tus enseñanzas, eres una persona ecuánime, reservada, entre otras cualidades, con esa personalidad lograste dejar una honda huella en mí y ello es motivo suficiente para darte las gracias, además me siento orgullosa de ti por tus acciones para con la familia, siempre has estado, recuerdo que estuviste pendiente de mi mamá Tomasita, de mi tía Lola, de mi mamá, gracias querido tío.
Me parece que tus 80 años de vida, son motivo suficiente para celebrar, para festejar tu vida, gracias por siempre contestar mis correos, por recibir mis llamadas con alegría, por ir a visitar a mi mamá, por estar presente cuando mi madre te necesitó, gracias tío.
Te reitero mi profundo cariño, agradecimiento y mi admiración por ser el ser humano que eres, por ser mi tío. Te quiero mucho. ¡Siempre en mi corazón!
Fabiola Guerrero Ojeda