jueves, 29 de agosto de 2013

En el estadio



Por Fabiola Guerrero Ojeda.

Ir a ver un partido de fútbol,  no sólo es ir a ver goles y las jugadas. Ir al estadio representa más motivos y quizá, mucho más atractivos, sobre todo cuando el partido no está bueno.

Ver, sentir y apreciar el ambiente que se da en el estadio es mucho más enriquecedor, sobre todo, contemplar cómo actúan los diferentes espectadores.

El Sr. que siempre da instrucciones al técnico y le grita lo que debe hacer, con voz autorizada y como si fuera el mejor técnico de la liguilla. El joven que se ve en el  jugador pensando, que él haría mejores pases y correría más como delantero. La Sra. que acompaña a su esposo porque lo que más le gusta es ir fut, pero a ella no tanto y más bien es una escape a los problemas cotidianos. La Güera es la Sra. que vendé las cervezas y siempre está muy activa, sube y baja escaleras, hace mucho más ejército que una mujer que paga una buena cantidad en el gimnasio de moda y sólo va a lucir sus última cirugías o el conjunto deportivo de la última temporada. El joven de las pizzas que no le importa si el partido esta bueno o malo, ni cuantos puntos llevan acumulados los equipos en la liguilla, más bien, lo que le interesa es que los que están en estadio no traigan nada en el estómago para que le compren un pizza y un refresco para acompañarla su comida. El Capi, el famosísimo Capi, que vende las mejores camitas del estadio y hay que estar pendientes cuando llega porque para el medio tiempo ya no tiene una sola cemita. Los jugadores de fuerzas básicas que están con cara de aburridos y hastío pensando que ellos son mejores, pero no se explican por qué  no les dan la oportunidad de estar ya en la cancha. El Sr. de los cacahuates, garbanzos, pepitas que ofrece su producto sin gritar  porque parece que todo el tiempo está cansado. La Sra. que grita y grita, regañando a todo mundo, incluyendo al hijo que está a su lado porque aún no le compra su cerveza.
Los periodistas de deportes que más bien se sientan a comer en lugar de cubrir el evento, y después escriben su nota refriteando lo que escribieron del partido pasado y sólo la actualizan con uno que otro detalle. Las porra que baila y no deja de cantar  un sólo instante y los jugadores ni se inmutan por dar su mejor esfuerzo, por lo menos para agradecer no sólo el dinero que se gastaron los porristas para comprarse la playera autentica de su equipo, gastándose  parte de su semana o quizá todo su sueldo de la semana. El director técnico que da manotazos, mienta madres, da instrucciones y los jugadores hacen como que lo oyen peor por dentro también le están mentando la madre. Los de palcos que ven con desdén a los de zona de sol, quienes ya no saben que ponerse para evadir aunque sea un poco lo que avientan los de palcos.


Y yo ahí sentada, con mis 46 años, viendo todo el espectáculo, acompañando, contemplando y a veces sin saber ni quién está jugando y cuando me preguntan cómo estuvo el partido, respondo también con una pregunta ¿con quién jugo el Puebla?

viernes, 23 de agosto de 2013

Tía Lola


Creo que estás en la recta final, presiento que no tardas en irte con Dios. Me duele tu partida, me llena de tristeza, pero ese es el destino de todos. Viviste sin hacer una familia, sin saber lo que es el amor materno, aunque criaste a muchos sobrinos, sobrinos nietos, ¿quién no paso por tus cuidados, de la familia Ojeda? creo muy pocos no, pero la gran mayoría, no sólo convivimos y vivimos contigo, también disfrutamos de tu comida, de tus pláticas, de tu persona.

En mí dejas muchos recuerdos, cómo olvidar que tú me enseñaste a cocinar mi primer arroz, mi primer sopa, me enseñaste a barrer, a trapear. De ti aprendí lo que tú sabes hacer. Tú que siempre trabajaste en las labores de la casa, que por las tardes te sentabas en el patio a platicar, ver y contemplar lo que otros hacíamos, a ver la vida.

Tía Lola, en algunas y más bien  muchas ocasiones contigo íbamos al parque, a la feria, a las fiestas infantiles, nos llevaste muchas veces a la escuela. Seria, callada, osca, tan tú, con tu personalidad, así como eres, pero ahí estabas, para ayudar, para los demás.

No sabes, no te imaginas lo mucho que me duele saber que tu final se acerca. Y por ello, hoy más que nunca quiero que sepas que no estás sola, que muchos te queremos, apreciamos y valoramos el haber compartido parte de nuestra vida contigo y el que tú nos hayas entregado parte de tu vida.

Tía, si ya te tienes que ir, vete, y vete tranquila, abre tu corazón a Dios y permite que él te reciba, no encontrarás mejor lugar. Te reencontrarás con tus padres, con tus hermanos, con mi tío Pepe, que apenas se fue. Estarás, ahora sí en el mejor sitio y acá nos quedamos muchos a honrar tu nombre, tus recuerdos y tu memoria.

Tía Lola, quiero que te vayas con el corazón lleno de amor, de los tuyos, de tu gente, de tu familia.

Te amo tía Lola, siempre, siempre en mi corazón.
Fabiola Guerrero Ojeda.

23 de agosto, 2013.