Tía Lola
Creo que estás en la recta final,
presiento que no tardas en irte con Dios. Me duele tu partida, me llena de
tristeza, pero ese es el destino de todos. Viviste sin hacer una familia, sin
saber lo que es el amor materno, aunque criaste a muchos sobrinos, sobrinos
nietos, ¿quién no paso por tus cuidados, de la familia Ojeda? creo muy pocos
no, pero la gran mayoría, no sólo convivimos y vivimos contigo, también
disfrutamos de tu comida, de tus pláticas, de tu persona.
En mí dejas muchos recuerdos, cómo
olvidar que tú me enseñaste a cocinar mi primer arroz, mi primer sopa, me
enseñaste a barrer, a trapear. De ti aprendí lo que tú sabes hacer. Tú que
siempre trabajaste en las labores de la casa, que por las tardes te sentabas en
el patio a platicar, ver y contemplar lo que otros hacíamos, a ver la vida.
Tía Lola, en algunas y más
bien muchas ocasiones contigo íbamos al
parque, a la feria, a las fiestas infantiles, nos llevaste muchas veces a la
escuela. Seria, callada, osca, tan tú, con tu personalidad, así como eres, pero
ahí estabas, para ayudar, para los demás.
No sabes, no te imaginas lo mucho
que me duele saber que tu final se acerca. Y por ello, hoy más que nunca quiero
que sepas que no estás sola, que muchos te queremos, apreciamos y valoramos el
haber compartido parte de nuestra vida contigo y el que tú nos hayas entregado
parte de tu vida.
Tía, si ya te tienes que ir, vete,
y vete tranquila, abre tu corazón a Dios y permite que él te reciba, no
encontrarás mejor lugar. Te reencontrarás con tus padres, con tus hermanos, con
mi tío Pepe, que apenas se fue. Estarás, ahora sí en el mejor sitio y acá nos
quedamos muchos a honrar tu nombre, tus recuerdos y tu memoria.
Tía Lola, quiero que te vayas con
el corazón lleno de amor, de los tuyos, de tu gente, de tu familia.
Te amo tía Lola, siempre, siempre
en mi corazón.
Fabiola Guerrero Ojeda.
23 de agosto, 2013.
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