La
Perestroika
Por Fabiola Guerrero Ojeda.
En Arriaga Chiapas, mi lugar
de origen. He tenido una serie de historias de vida singulares, agradables,
tristes, de aprendizaje, un poco de todo, pero la que voy a contar es muy
peculiar.
¿Te imaginas tener de mascota una
becerra? Mi mamá durante muchos meses la tuvo. La familia Ojeda son originarios
de Niltepec Oaxaca, los ranchos de mi abuelo y su ganado, estaban en ese
municipio y mi mamá vivía en Arriaga Chiapas. Una de las vacas “La Payasa” tuvo
su becerrita, a la cual mi mamá le llamo “Perestroika”. El futuro de la becerra era
poco alentador, el pronóstico fue que no iba a sobrevivir. Las vacas que tenía
mi mamá, las tenía “al partir”, eso
significa que se las dan a una persona para cuidarlas y cuando tienen sus
crías, una es para él que la cuida y otra para el dueño de las vacas.
Cuando nace la cría de La Payasa, él que la
cuidaba le dijo a mi mamá, está mal el animal, no se va a lograr. Mi madre
quien es un mujer con una gran entereza, la nostalgia le gano al saber la
noticia porque era una becerra hija de una vaca de mi abuelo, quien ya llevaba
años que había fallecido y eran pocas las vacas que quedaban con su "fierro".
Con una firme convicción que con sus
cuidados se iba a lograr la becerra, mi mamá decidió llevarse a la
Perestroika a su casa. Los primeros días fue una gran sorpresa, tener a la
becerra en casa, incluso en esos años, 1993 mi hermana Natalia (QEPD) tenía menos
de dos años, por lo cual aún usaba mamilas, y la Perestroika también tenía
sus mamilas, por supuesto no había manera de confundirlas, el tamaño entre unas
y otras era muy visible, pero se puede decir que mi mamá estaba “criando” a dos.
Mi mamá se planteó el objetivo de
sacar adelante a la Perestroika, con esmero y muchos cuidados lo logró. Mi
madre se encargaba de todos sus cuidados, desde bañarla, darle de comer, sus
medicinas, le hablaba todos los días, tenía muchos cuidados con ella. El
veterinario llegaba un día y sí y otro no.
La Perestroika tenía un régimen de vitaminas, horario de comida muy
especifico, estaba muy apapachada y consentida.
En esos años yo ya vivía en
Puebla, pero en vacaciones me tocó convivir con la Perestroika, incluso darle
su mamila y bañarla, realmente era agradable tenerla en la casa. Cuando me
regresaba a Puebla, la extrañaba. Pero cada que hablaba por teléfono la oía,
porque mi mamá le puso un cascabel para la buena suerte y así se pudiera
lograr.
Mi mamá es Contadora y el
despacho lo tiene en la misma casa, entonces cuando llegaba la gente a ver su contabilidad, de pronto se quedaban pasmados al oír lo rugidos de la
Perestroika. Las personas asombradas le preguntaban a mi mamá: Doña Malvina qué
es eso, mi mamá con una gran tranquilidad y naturalidad, contestaba mi
becerrita, pero la gente en sus adentros, porque lo expresaban después, pensaban
que se trataba de un perro o una mascota más común. Como mi mamá era la que
atendía a la becerra, le conocía muy bien la voz y la buscaba. De pronto
estando en el despacho con mucha gente y que mi mamá no podía ir a darle sus
cariños a la Perestroika, ella buscándola hacia acto de presencia en el despacho y la gente se
sorprendía y con admiración decían pero si
es una VACA, y mi mamá contestaba, si es
una vaca ¿pues que nunca ha visto una?
Fueron muchas las aventuras de la
becerra en la casa. Mi mamá era feliz con su Perestroika, gozaba tenerla, la
atendía personalmente. El problema fue
que la Perestroika creció y se convirtió en un animal que por su tamaño, ya no era posible
tenerla en casa. Con tristeza mi mamá dejó que una amiga de ella se la llevara
a su rancho, para bienestar de la Perestroika, así fue como fue a dar al rancho
de una amiga de mi mamá, pero para mala suerte la Perestroika murió. Mi mamá
le lloró muchos días, todos sus cuidados se habían esfumado en un instante.
Hola, yo soy de los Balboa de la Azteca, me llamó la atención tu historia y me identifico mucho con ella, ya que también tuvimos una becerra en la casa que con el tiempo se hizo vaca y la tuvimos que regresar al rancho en donde también murió, pero la nuestra se llamaba, LUCERO.
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