sábado, 16 de noviembre de 2013

Cuando el dolor es inefable

Por Fabiola Guerrero Ojeda.


¿Cómo explicar que el dolor me carcome por dentro? ¿Qué no encuentro razones, ni explicaciones lógicas para los eventos que están sucediendo? Le doy vueltas y vueltas en la cabeza, hay noches que me quita el sueño, que no sólo me preocupa la situación, sino también quisiera encontrar una solución a esa problemática. Sé muy bien que no estás sola que las personas que te cuidan, te quieren, te asisten en todas tus necesidades, pero eso no aminora tu dolor, tu situación y mucho menos cambia por lo que estas pasando.  Cuando alguien me pregunta y qué tiene, sólo alcanzo a responder depresión, pero en realidad ya no estoy tan segura de eso, aunque clínicamente hablando se han dicho varios diagnósticos sobre tu estado de salud actual, incluso los especialistas dicen que ya es una estado complejo por la edad y los eventos sucedidos, yo no sé, no estoy tan convencida de ello. Creo que más bien tú misma quisiste alejarte de tu realidad, huir de algo que te lástima mucho, que no puedes asimilar, ni vivir con ello ¿cuál es en realidad el motivo? Sólo tú lo sabes. Por mucho que trato de indagar no encuentro una respuesta para algo tan tuyo, tan personal y que llevas tan dentro de ti.  Me he desgastado pensando y analizando la situación con el afán de encontrar soluciones y hasta ahora no encuentro una, por lo tanto la mejor postura que puedo tomar ante lo que pasa es seguir acompañándote, estar contigo, que sientas mi presencia aunque sea esporádicamente, que percibas mi amor y profundo agradecimiento. Porque sin lugar a  duda la solución no está en mí, no está en mis manos que tú estés bien, que vea por lo menos algo de la mujer que algún tiempo fuiste. Por otro lado todo esto me lleva a reflexionar sobre la naturaleza humana, la fragilidad en la que vivimos, lo susceptible que somos a cualquier evento inesperado, lleno de dolor, como lo que a ti te pasó, la pérdida de una hija. Qué duro es ver que la vida a pesar de lo hermosa que es,  puede perder sentido en cualquier momento. El hilo que nos sostiene entre el estar bien y estar mal es demasiado frágil, endeble, prácticamente invisible. Que la aparente calma en la que vivimos día a día se puede ver interrumpida por hechos completamente ajenos e incontrolables a nosotros mismos, quienes podemos ser los más afectados. Esos episodios de la vida amargos, dolorosos, crudos, inefables, no sólo nos pueden quitar tranquilidad, nos pueden robar todo lo que hemos alcanzado durante años de vida. Durante toda nuestra vida. Por ello cuando el dolor es inefable, creo no hay recetas, no hay respuestas, no hay nada que pueda solucionarlo, más que una fuerza poderosa que esta fuera de lo tangible, de lo terrenal y que sólo lo puede dar el amor y fe a Dios, a alguien superior a todo ser humano.

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