jueves, 19 de septiembre de 2013



Por Fabiola Guerrero Ojeda
Septiembre mes de lluvia y olor a tierra mojada. El verde predomina en los jardines, los ríos alcanzan su cauce.
La lluvia representa vida, y la lluvia  se presenta y ofrece lo que tiene el agua. El agua que cae sin cesar y regala un colorido a muchos ojos.
La lluvia se priva con violencia  para el renacer,  gozar de belleza, naturaleza y vida.
Desnudándose poco a poco, con docilidad y paciencia los despojos de la lluvia. Se presenta un banquete de vistas, esplendor y naturaleza.
Cuando no pasa nada, pero pasa todo con un fenómeno natural tan común, la sorpresa  no es sorpresa, es la normalidad. Es un acto que hemos visto y vivido un sinfín de veces.


Quizá la lluvia nos regala, no lo que no le sirve, más bien lo que ella sabe hacer. Se despoja, se desnuda de lo que es y lo que tiene y aparecen los despojos de la lluvia.

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