El llanto del viento
Por Fabiola Guerrero Ojeda
Ella no es más que una mujer
común y corriente, repleta de ilusiones, esperanzas, miedos, temores, alegrías,
amores, pasiones, sentimientos, enojos, un ser humano concreto, común y
corriente. Pocas cosas disfruta y repela al mismo tiempo como el viento, la
caricia del aire y su chillar. Cuando
el viento habla y no habla para ella, el rumbo, su rumbo toma otra camino, un
camino ajenjo, lleno de dolor, porque a pesar de oír esos mugidos de dolor, lo
prefiere, y no su indiferencia, rechazo,
descortesía. Él viento llora como llora ella, pero aunque el llanto del viento
no le gusta, lo detesta, prefiere oírlo el a no oír nada, a no sentir los golpes que le
da.
A veces, no es ese personaje que
la lleva a la dualidad, y menos el llanto del viento, entonces ese aire,
cálido, pero no porque de calor físico, sino por la calidez humana con la que
la envuelve, ese aire, si le gusta, lo goza, lo disfruta, se siente acompañada,
se sienta amada, se siente aceptada, así como es, terca, pero a la vez sumisa,
tosca pero a la vez dócil, y no son contradicciones en su personalidad,
simplemente es, así tal cual, deja vivir sus emociones, sentirlas, aunque
duelan, aunque laceren en lo más profundo de su ser, de su alma, en los
rincones más inhóspitos, que existen, ahí están.
Entonces es cuando el viento se
puede convertir en su mejor amigo, en su más fiel aliado o en su peor enemigo,
en su verdugo. Juega con ella, juega para hacerla repelar, para hacerla
sonreír, la hace vivir, pero también el llanto del viento, a veces la hace
sufrir.
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