Mensajes.
Todos los días, a cada momento, a cada instante,
de muchas formas, en muchas situaciones, se nos presentan mensajes que nos da la vida, el universo, Dios.
Esos mensajes a veces no los vemos porque no
queremos, porque no podemos, porque no lo permitimos, pero ahí están, para
guiarnos, para mejorar, para crecer, para tratar de perfeccionar nuestra vida y poder ser más felices.
Los mensajes
se pueden presentar hasta con una simple intuición, presentimiento, con
la palabra, gesto, mirada de un ser querido, incluso de alguien distante a
nuestra vida. Son “recados” que quizá no buscamos pero aparecen para guiarnos,
para enmendar lo malo o bien reiterar lo bueno; por la vida tan acelerada que
llevamos y porque muchas veces no queremos, no los vemos pero los mensajes ahí
están.
Esas señales pueden ser de muchos tipos, en una
cantidad inimaginables de situaciones, con formas muy sencillas, muy cotidianas,
hasta imperceptibles, pero cuando los recados, los mensajes, los avisos se
presentan de forma más directa, por medio de una pérdida, del tipo que sea o a
través de una enfermedad, de un dolor, una angustia, sentimiento o simplemente
del infortunio; es un deber, una responsabilidad verlos, escucharlos,
atenderlos e indagar qué nos quiere decir la vida con sus misivas, para qué
llegan y por qué llegan; sin lamentarse, sin retar haciéndose la
víctima, más bien cuestionándose para qué me llegó…
Es muy fácil decirlo, dar el consejo pero cuando
estamos en una situación desagradable, con esa congoja, el mar de emociones que
vivimos quizá no nos permite “ver” los mensajes. Cada persona tiene la libertad
de elegir su camino para enfrentar las penas de la vida y es muy respetable
pero no está demás voltear un poco para ver al de a lado y oír a esa persona que nos
ha tratado de ayudar e interpretar lo que ella infiere por el simple hecho de
estar fuera de calamidad.
Todas y todos en algún momento de nuestra vida o
más bien en muchos eventos hemos vivido una situación complementamente difícil que
nos causa un dolor indescriptible pero si indagamos en nuestro interior, en lo
más profundo de nosotros mismos ahí podemos encontrar él para que de lo
experimentado; es por ello que ante los mensajes que se nos presentan en la vida,
lo mejor, no es echar en saco roto, lo que nos quiere decir la vida con ello y tomar
en cuenta lo que algunas personas tratan de decirnos con sus palabras,
actitudes que en el momento nos pueden ofender, lastimar pero a la larga
esas personas son parte de los recados que necesitamos para crecer en nuestro interior; muchas veces la familia, los amigos más
cercanos no nos dicen la que “ven” con ciertas actitudes negativas nuestras por
miedo a herirnos y por ello, la persona ajena a nuestra vida es la que sin
trabas, sin prejuicios tratan de decirnos por dónde va el camino de la misiva
que nos está dando el universo, la vida, Dios.
Fabiola Guerrero
Ojeda.
6 de noviembre 2012.