La ingratitud humana no tiene límites...en El coronel no tiene
quién le escriba de Gabriel García Márquez.
Por Fabiola Guerrero Ojeda.
Muchos son los valores que se necesitan para lograr una sana
y equilibrada convivencia con el prójimo, pero considero que de los más
importantes es la gratitud, aunque sabemos o tenemos una idea de lo que esto significa, busqué en el diccionario y es lo siguiente:
Sentimiento que nos
obliga a estimar el beneficio o favor que nos ha hecho o a querido hacer, y a corresponder a él de alguna
manera.
Es muy claro lo que dice el concepto y al leerlo pareciera
que fuera algo dado como consecuencia al recibir una ayuda del tipo que sea,
pero la realidad es otra. El estilo de vida que tenemos
actualmente no sólo nos hace olvidarnos de ejercer dicho valor, si no que a
veces se da lo contrario, es decir, en lugar de tener una actitud de
agradecimiento, caemos en la ingratitud y quizá hasta no nos demos cuenta de
ello, porque damos por sentado que todo
lo que tenemos no los merecemos y por lo tanto somos dignos de recibir
esos beneficios.
En primer lugar debemos ser agradecidos con Dios o un ser supremo, que es
quien nos da la oportunidad de vivir gozando todo lo que esto implica y por otro
lado el agradecimiento se debe extender a nuestros semejantes. Cuántas veces
nos hemos visto favorecidos con la ayuda del prójimo, sean nuestros padres,
hijos, hermanos, familia, los amigos incluso gente ajena a nuestra vida.
En el diccionario otro concepto del valor de la gratitud en relación con nuestros amigos o el prójimo es el siguiente:
Afecto personal, puro y
desinteresado, compartido con otra persona, que hace y fortalece con el trato y
confianza.
En un momento de adversidad que la familia este presente y
recibamos su apoyo y solidaridad hasta cierto punto es “normal” o esperado pero
que un amigo lo haga no es de carácter obligatorio, pero si además recibimos
ayuda de un desconocido por el simple hecho de manifestar la solidaridad,
compasión y altruismo, no sólo sorprende, sino que es recae más en la necesidad
tanto del asombro y lo inesperado como de la gratitud.
Y en algunos casos, quizá no la mayoría pero si se dan, lejos
de agradecer se piensa que lo que se recibe es porque se lo merecen o lo han
conseguido solos, muchas veces esta actitud puede ser por un egoísmo y orgullo en
un grado superlativo, o por descuido. Son personas desagradecidas y aunque no se crea lejos de no agradecer
hasta pueden hacer daño a quienes los ayudaron.
Los sujetos que actúan de esta forma. son seres que por supuesto viven en un estado de soberbia
y banalidad lamentable y aunque se
piense que las puertas se les pueden ir cerrando, el valor de la solidaridad,
apoyo y generosidad es tan inmenso que lo pueden seguir recibiendo y ello hace
que menos reflexionen sus actos.
Están tan inmersos en su mundo
ególatra que nada les hará tener otra visión y seguirán actuando de una manera
tan ingrata, reciban lo que reciban del prójimo.
Son personas que dentro de su ser, en lo más
profundo de su interior viven un gran dolor porque no hay nada que lo satisfaga
pensando que son merecedoras de todo lo que tienen.
Por lo tanto es una responsabilidad como seres humanos tratar
de ser agradecidos con los demás, abrirnos para sentir el apoyo y solidaridad
del “otro” pero con humildad, para ser mejores personas, para ser más felices e
iniciar el camino de la transformación de esas ataduras que tenemos y no nos
dejan ser libres para no sólo dar y recibir, sino también para sentir la
fragilidad de la vida, de nuestra calidad humana, de nuestras debilidades y
emprender un camino de agradecimiento ante todo lo que nos rodea.
Experimentar
el valor de la gratitud tampoco se trata nada más de ver en qué momento vamos a
pagar el favor que nos hicieron, va mucho más allá de esa actitud, es más bien
estar en la disponibilidad de sentir el cariño del que nos brindo una ayuda en
un momento determinado, y más si se trata de alguien ajeno a tu vida.
Ser
agradecido es un compromiso contigo mismo de no ser hostil e indiferente ante
la solidaridad del otro; quizá la actitud más cómoda es decir << por
ahora estoy tan inmerso en mi problema que no tengo cabeza para reconocer y
menos agradecer lo que has hecho>> muchas veces las o los que ayudan no
lo hacen con el fin de recibir un reconocimiento, simplemente lo hacen porque
es parte de su esencia, porque tratan de agradecer
a Dios y a la vida todo lo que tienen ayudando cuando se presenta la
oportunidad.
Pero
tampoco se espera una actitud de ingratitud, hostilidad, indiferencia y menos
groserías o menosprecio ante lo que se ha hecho.
Tú decides tener
una actitud de gratitud o ingratitud.
30 octubre 2012.
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