Un año…
Por Fabiola Guerrero Ojeda.
Hace un año
te conocí, no te imaginas con cuanta alegría, incertidumbre y entusiasmo esperé
ese momento, durante muchos años de mi vida.
Los
recuerdos que tenía de ti eran muy vagos, escuetos, prácticamente nulos, eras
tan ajeno a mi vida, tus gustos, preferencias, físicamente, tu voz, tu caminar,
añoré y desee tanto, por lo menos oír tu
voz, una tarde estar contigo, hacer una tarea, compartir un simple momento.
Incluso me
hicieron falta tus regaños, tus castigos, crecí sin ti, sin tu presencia.
Después de buscarte durante tanto tiempo (41 años para ser precisa) por fin
logré saber que en primer lugar estabas vivo, que tenías tu vida, tu familia,
tus hijos y que eras muy ajeno a mi vida.
Al
encontrarte me advertiste que yo, mis hermanos, tu primer familia, no representábamos
nada para ti, pertenecíamos a un pasado, olvidado, sepultado del cual no sólo
no querías saber nada, lo ignoraste, lo escondiste, pero hay cosas en la vida,
que no se pueden borrar con el simple deseo, como la vida de tres hijos.
Rehiciste tu
vida y en ella por supuesto no figurábamos, pero mi deseo de conocerte era
mucho, mi necesidad por tu cariño era aún más grande y mi necedad también, tenía
la ilusión simplemente de conocer a mi padre, para ti era lo contrario, no querías saber de tus hijos, te busqué y te
encontré a pesar de que tus hermanas y hermanos
trataron de impedirlo, para no interrumpir tu nueva vida, tu nueva
familia y que tus segundos hijos se enteraran que no eran los únicos y menos
los primeros , que eras un hombre casado, con hijos a los cuales abandonaste,
las razones que das son muchas pero nada justifica tu abandono y menos tu desprecio.
El 14 de
octubre 2011..te conocí y como tantas veces te dije fue un momento tan deseado,
sabes bien en el fondo de tu corazón que sólo te busqué por amor, pero mi
llegada tu vida como no era esperada y mucho menos deseada las cosas no se
dieron como quería, como pensé..simplemente retomar una relación natural,
esencial en la vida de todo ser humano.
Entiendo que tu farsa de tantos años se
desmoronó con mi presencia porque siempre nos ocultaste, nos negaste y bueno lo
que habías hecho ya era pasado pero se te presentó la oportunidad de enmendar
tu abandono..no quisiste…ni modo…ni hablar, ya nada puedo hacer.
Me quedo con
el recuerdo, con la satisfacción de haber conocido al hombre que me
engendró y para el cual sólo tengo amor…si algún día decides o necesitas recibirlo,
acá estoy…sabes muy bien dónde encontrarme.
Por lo
pronto me quedo con los tres días que me regalaste, con los momentos que
pasamos, te disfruté, te conocí y ya no tengo la duda que durante tantos años
fue una sombra en mi vida…cómo es, cómo camina, cómo son sus manos, qué piensa,
qué le gusta…en fin…tú y sólo tú sabes el por qué no quieres convivir con tu
hijos…
14 octubre
2012.
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