lunes, 8 de octubre de 2012


 

Necesitamos lecciones de la vida.
Por Fabiola Guerrero Ojeda.
Cuando la vida nos ha sonreído siempre, nos ha tratado bien, nos ha dado una cara bonita, es difícil entender el dolor del prójimo, desprenderte de algo para ayudar, ya sea material, en tiempo, cariño, acciones.

Regularmente las personas que les ha ido bien en la vida en todos o muchos aspectos, suelen no sentir el dolor de un ser humano que vive una situación adversa del tipo que sea y lejos de ponerse un poquito en el lugar del otro, su indiferencia en lo único que presentan .

Pero cuando a esas personas la vida les presenta otra cara y  el dolor toca su alma por una situación difícil de un ser querido, las cosas cambian para ellos y mucho, se sorprenden que alguien que incluso no los conoce ayude, se solidarize en su dolor, se desprenda de algo, manifiesten preocupación por su situación, dediquen tiempo, esa actitud de sorpresa, en primer lugar en porque no han sentido de cerca el dolor y sufrimiento, por otro lado esas personas en una situación contraria serían incapaces de ayudar, desprenderse de algo, dando apoyo y por ello la primera respuesta es de asombro.

A demás son personas con cierto orgullo, soberbia que se sienten intocables y exentos de una desgracia, no han reflexionado lo suficiente su situación humana y todo lo que con ello lleva, que somos nada y que estamos completamente expuestos a todo, que en cualquier momento podemos caer en una terrible situación que  no podemos controlar y que hagamos lo que hagamos esta fuera del alcance de nuestra capacidad humana, que eso depende de algo más allá de lo humano, lo tangible y lo terrestre.

De momento no entendemos por qué se nos presentan ciertas situaciones pero al paso del tiempo, reflexionando son lecciones de vida, para aprender, valorar la vida misma, que en lo más sencillo e insignificante esta la paz y armonía, como la salud, quizá mucho de lo que vivimos aparentemente inexplicable sea parte de un aprendizaje que no hace falta para ser más humanos, sencillos, solidarios y dejar a un lado, las superficialidades de que la vida actual nos presenta.

Y cuando la vida toca tu lado más vulnerable entonces el panorama cambia y la forma de ver las cosas también, los corazones se ennoblecen, los orgullos se doblegan y la calidad humana sale a flote para ser más desprendidos, solidarios, agradecidos y finalmente más humanos.

Septiembre 2012.

No hay comentarios:

Publicar un comentario