lunes, 10 de septiembre de 2012


 

Una pausa en mi labor docente.


Por Fabiola Guerrero Ojeda.
Llevo tiempo  cuestionándome qué tanto vale la pena seguir entregando parte de mi vida a los jóvenes…después de meditarlo, platicarlo, analizarlo y valorarlo durante mucho tiempo tomé la decisión  y ayer por fin hablé…no quiero seguir dando clases, necesito una tregua; después de tomar la decisión y manifestarlo, me siento bien, muy bien, liberada, como si me hubiera quitado un peso de encima; aunque no dejo de sentir melancolía, añoranza y tristeza…me siento rara al saber que ya no tendré más contacto con los jóvenes , que ya no habrá más ese espacio para poder dejar una huella en un ser humano, que hablar de literatura y escritores quedará sólo para momentos muy especiales, pero iniciar una nueva etapa en mi vida me entusiasma, me motiva a emprender actividades que he tenido en mente.

Exactamente un febrero de hace 20 años  de forma casual inicié mi camino como docente, jamás imaginé cuantos sin sabores y gratificaciones viviría; a mis 22 años en ese entonces llena de esperanzas, ilusiones y buscando oportunidades se me abre una puerta para dar clases de Español en secundaria, en la escuela María Luisa Pacheco, para mí hasta ese entonces desconocida, completamente ajena a mi vida. Llegué una mañana con la frescura que me caracteriza, pero también llena de nervios, no sabía  lo que iba a enfrentar, ni lo que me esperaba, una mujer de 40 años aproximádamente me recibió, después una pequeña entrevista me dijo “las clases son tuyas, puede iniciar hoy mismo” y con más valentía que conciencia así lo hice, cuando me llevó a los salones de mis  alumnas de ese entonces, me dije esto es pan comido para mi, sin imaginarme todo lo me esperaba.

Estuve entre salones, listas, libros, pizarrones, gises durante cinco años continuos, en los cuales viví de todo, días de enfrentamiento, momentos de mucha gratificación; incluso espacios alegres y emotivos,  lazos de amistades entrañables a tal grado que de una de esas amistades conocí al hombre que cambiaria todo, el amor de mi vida…el padre de mis hijas, el Pacheco me ha dado mucho, me ha enseñado mucho, me gustó tanto estar y ser parte de esa escuela que  muchas veces me dije…cuando me case y si tengo hijas…sin lugar a dudas estudiaran acá.

La vida y Dios ha sido tan generoso que como un decreto y hermoso regalo tuve la fortuna de sentir crecer en mi vientre a tres hermosa princesas…y por supuesto estudian en la escuela María Luisa Pacheco. Pero no ha sido fácil combinar mi actividad docente con mi rol de mamá dentro del colegio y siempre me dije…no le voy a dar clases a mis hijas, el tiempo cada vez se acerca más en pocos tiempo dejaré mis clases.

La vida sola se encarga de acomodar todo; en la semana una experiencia me hizo tomar la decisión de manera contundente…no quiero seguir dando clases y ayer por fin lo dije…sólo espero que llegué la persona que me va a sustituir.
 
Febrero 2011.

4 comentarios:

  1. Fabiola, tienes toda una vida de experiencia docente y me parece extraordinario; ésta decisión que has tomado me imagino que es muy importante en tu vida; la labor docente es maravillosa pero también es mucho más importante nuestra vida personal y muchas veces como maestr@s, la descuidamos por estar al pendiente de las clases.
    Te deseo mucho éxito en lo que te propongas, pues lo que viene será mucho mejor. Saludos :)

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  2. Respuestas
    1. Hola Laus! qué gusto que me leas y mucho más gusto que te ayude a reflexionar! Saludos.

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