Por Fabiola Guerrero Ojeda
Hace poco compartí en una red
social el gusto que me dio oír y leer un “te quiero” y lo mucho que puede
cambiar tu día esa expresión. Palabras de amor, de cariño y más si viene de una
persona especial en tu historia de vida personal.
Por diversos motivos, entre ellos
la distancia, convivo poco con mi tío Hermilo Ojeda Ojendís, mejor conocido en
la familia Ojeda como “tío Milo”, creo todos le decimos así, incluso mi mamá
Tomasita, es decir la mamá de mi tío Milo, lo llamaba de esa forma, no sé si
ella fue quien inicio con esa costumbre. El caso es que mi tío Milo, quién es
hermano de mi mamá y que además es el único tío, no tía, que me queda vivo, es
una persona muy importante en mi vida. Tengo un sin fin de recuerdos con él,
todas las vacaciones, sin excepción llegaba Arriaga, llegaba a visitar a su
madre, a mi mamá Tomasita, quien es la mamá de mi mamá, es decir mi abuela
materna, pero como tradición familiar es
mi “mamá Tomasita”, no recuerdo haberla llamado de otra forma, siempre fue así,
por respeto, por costumbre, pero principalmente por amor y porque en su
momento, ella mi mamá Tomasita, también fue como una madre para mí.
Al vivir mi Tío Milo fuera de su
lugar de origen, las vacaciones eran para visitar a su mamá y por ende
representaba una gran alegría para nosotros, mis hermanos, mi tía Lola, mi
mamá y por supuesto mi mamá Tomasita. La
presencia de mi tío Milo, no sólo era
romper la rutina al recibir una visita, también significa la posibilidad de ir
a la playa, a Puerto Arista, ir todos los días a tomar sodas con Don Melesio,
comer lo que regularmente no comíamos. Mi mamá Tomasita y mi tía Lola hacían
uso de su arte culinario, preparando platillos suculentos y muy típicos de
nuestro Arriaga, incluso de Niltepec Oaxaca, lugar de origen de mi mamá
Tomasita.
Por ello, si las vacaciones para un
niño, son una temporada deseada, en mi caso era doble la alegría de las
vacaciones. Además mi tío Milo llegaba con sus hijos, mis primos Paco y Paty,
que son los primos hermanos más cercanos en cuanto a edad. Mi prima Paty, significó en mi infancia la hermana que nunca
tuve, ella fue mi mejor amiga/prima en la infancia, mi cómplice en travesuras,
juegos, aventuras de niña. Los recuerdos son muchos y realmente no sólo
bonitos, son llenos de magia.
Por lo tanto la llegada de mi tío
Milo cada época vacacional era una fiesta por la sola presencia de mis primos,
mi tío y por supuesto Esperanza, Pelancha o mejor conocida como Pera, quién es
la esposa de mi tío Milo. Pera es una mujer encantadora, con una personalidad
única, llena de alegría, es más rebosante de alegría, júbilo y felicidad, tan
así, que siendo mi tía, nunca permitió que la llamara como tal, siempre le he
dicho Pera. Ahora ya es algo muy cotidiano, pero cuando era niña, eso me hacía
sentir una persona importante, que mi tía me pidiera que la llamara por su
nombre. Pera, entre otras muchas cualidades, tiene la gran capacidad de ponerse
a la altura de los niños.
No recuerdo cuántos días estaba con
nosotros mi tío Milo, no sé si eran todas las vacaciones o sólo una parte, pero
eso es lo de menos, porque los días que estaba en Arriaga eran más que
suficientes para poner el toque mágico de hacer mi infancia feliz, completamente
feliz. Todo el día era pasear, andar de acá para allá, ir a la playa, jugar en
la arena, comer todo lo que quisiéramos, sin ningún tipo de restricción.
Y si nos quedamos en la casa, era
también un gozo, era hacer de un simple
día, momentos espectaculares. Mi tío Milo es un hombre serio, mesurado,
hermético, ecuánime y con un corazón lleno de amor y ese amor y cariño que me
dio de niña, fueron tan importantes para mí formación personal, porque además
representaba la figura paterna que tanta
falta me hacía, sobre todo en mis primero años de vida.
Creo mi tío Milo, nunca se dio
cuenta que con su sola presencia, vacaciones tras vacaciones dejó una profunda
huella en mi vida, en mi persona. Me tatuó el alma y el corazón.
Recuerdo que hasta la forma de ir
al mercado a comprar lo que fuera, con él y Pera, mis primos, mis hermanos, era
especial, era una aventura. Gocé y disfruté mucho la presencia de mi tío Milo
en las vacaciones, y mucho más cuando por algún tiempo se fue a vivir Arriaga. Ahí era tener toda esa magia de forma
permanente. Con mi tío aprendí a jugar ajedrez, aprendí que la mejor
construcción se puede hacer con arena del mar, utilizando sólo las manos e
imaginación, que tomar agua de coco puede ser como tomar la mejor bebida del
mundo entero, aprendí que en lo más sencillo, está parte de la felicidad o más
bien la felicidad completa.
Ahora que soy un adulto y al
regresar la mirada a mi infancia, no me queda más que agradecer a la vida por
la familia que me dio y entre ellos mí siempre adorado tío Milo. Gracias por tu
presencia, por tus enseñanzas, por tu cariño y sobre todo por haber sido parte
fundamental para tener una infancia feliz.
Te abrazo con el corazón lleno de amor tío Milo.
Julio, 2013.