jueves, 9 de mayo de 2013


10 de mayo.

Por Fabiola Guerrero Ojeda.

Para muchos un día comercial, para otros cursi o sin importancia, pero finalmente es un día de tradición en nuestro país. Sin tomar en cuenta la acepción que cada quien de al día, voy a compartir mi opinión y algunas experiencias sobre el tema.

Desde niña me enseñaron en la escuela a prepararme para ese día, festejar el 10 de mayo. Con entusiasmo y amor, dedicaba horas a la actividad manual que era asignada por la “madre” en turno, “madre” lo pongo entre comillas, por que estudié en un colegio de monjas y así les llamábamos, en el colegio Sor Juana Inés de la Cruz de Arriaga, Chiapas a las maestras, no sabíamos y por lo tanto no usábamos eso de Miss o Seño, para nosotros era “La madre”, Josefina, por ejemplo, quien fue mi maestra en segundo de primaria, si no mal recuerdo.

Regresando al tema, desde febrero, marzo, a veces antes, todos los días, dedicaba un tiempo especial y ponía mi mejor empeño a la manualidad que iba a regalar a mi mamá, lo cual además me costaba mucho trabajo, porque, eso de las manualidades no se me daba, y ni me gustaba. Por supuesto también siempre participaba en los festivales del día de las madres, algún bailable, poesía, coro, en fin. Pero mi mamá, que ahora ya lo veo bajo otra óptica, nunca, literalmente nunca iba a los festivales y poco le importaban los regalos hechos por mí, con tanto cariño y esmero, el por qué de la conducta de mi mamá ante dichas situaciones. A los festivales no iba, porque ella, al hacer el papel de padre y madre, trabaja todo el santo día y todos los días para poder subsanar los gastos que implica tener tres hijos, y por otro lado su personalidad, es osca, es un ser humano y no es perfecta, por lo tanto, hacia caso omiso y no le daba ninguna importancia al regalito que había hecho durante tantos días, incluso comentaba con cierto enojo:

“en eso gastaron el dinero las “madres, ha como se ve que no les cuesta ganar el dinero, yo quisiera que me dijeran en qué árbol puedo ir a cortar el dinero, porque se dedican sólo a pedir para gastarlos en porquerías”.

Por supuesto como niña, mi frustración aumentaba no sólo porque mi mamá no iba a los festivales, también porque el regalito que había hecho quedaba arrumbado en cualquier parte de la casa, después de haber expresado su opinión al respecto y decir una retahíla de palabras muy al estilo chiapaneco. Durante muchos años me dolió mucho eso, ahora entiendo que mi mamá vivía preocupada y ocupada en darnos de comer y generar para cubrir nuestras necesidades. Por lo tanto los festivales eran  secundarios en su escala de prioridades y los regalitos solo representaban un gasto innecesario. Con el tiempo lejos de sentirme agraviada por la actitud de mi mamá, por los eventos antes mencionados, he sido compasiva con todo lo que vivió al hacerla de padre y madre.

Pero desde ese entonces me dije, cuando sea mamá, no faltaré  a un festival del día de las madres y valoraré los regalos que mis hijos, o hijas me hagan, sin importar si están bonitos, feos o sean inservibles o útiles. Por supuesto he ido a todos los festivales del día de las madres y he disfrutado enormemente cada gesto, palabra y acción que mis hijas hacen en los festivales, incluso añoro que en los niveles educativos que están mis hijas las grandes, ya no hagan dichos eventos.

Los regalos, manualidades, cartitas que mis hijas me han hecho para cada 10 de mayo, no sólo me hacen feliz en el momento, los guardo y atesoro, porque con el tiempo los vuelvo a leer y me llenan de alegría al recordar el amor con el que me los hicieron.

No he faltado a ningún festival, he valorado cada regalo y además he estado todos los diez de mayo, desde que soy mamá con  mis hijas. Algunos diez de mayo, pocos, pero logré pasar ese día con mis hijas y mi mamá, porque mi mamá con el tiempo, después de cumplir su papel de proveedora con sus hijos, ha disfrutado que estemos con ella ese día.

Este año, las cosas cambian, me voy a pasar el día con mi mamá, pero estoy con el corazón partido porque por un lado me alegra poder estar ese día con ella, pero también me duele dejar a mis hijas. Después de pensarlo mucho, ahora que mi mamá está pasando por una situación difícil de salud y que aún me reconoce, y con  lo narrado sobre el 10 de mayo, bien vale la pena hacer un viaje para estar con ella y disfrutarla, consentirla y retribuir un poquito de lo mucho que mi mamá me dio, aunque parte de mi corazón se quedé en Puebla.

2013.

2 comentarios:

  1. Fabi:
    Lo que más valoro de lo que narras, es la fortaleza que tuviste para encontrarle el lado positivo a los modos de ser de tu mamá. Otra persona, con la misma experiencia, podría haber justificado su amargura o una baja autoestima. Tú en cambio lo aprovechaste para actuar distinto con tus hijas e inclusive con tu mamá.
    Te abrazo amiga, en este día de madres.

    Vero

    ResponderEliminar
  2. Gracias amiga, mil gracias por tus palabras, me reconfortan mucho. Te abrazo con cariño Vero.

    ResponderEliminar