10 de mayo.
Por
Fabiola Guerrero Ojeda.
Para
muchos un día comercial, para otros cursi o sin importancia, pero finalmente es
un día de tradición en nuestro país. Sin tomar en cuenta la acepción que cada
quien de al día, voy a compartir mi opinión y algunas experiencias sobre el
tema.
Desde niña me enseñaron en
la escuela a prepararme para ese día, festejar el 10 de mayo. Con entusiasmo y
amor, dedicaba horas a la actividad manual que era asignada por la “madre” en
turno, “madre” lo pongo entre comillas, por que estudié en un colegio de monjas
y así les llamábamos, en el colegio Sor Juana Inés de la Cruz de Arriaga, Chiapas a las maestras, no sabíamos y por lo tanto no usábamos eso de Miss o
Seño, para nosotros era “La madre”, Josefina, por ejemplo, quien fue mi maestra
en segundo de primaria, si no mal recuerdo.
Regresando al tema, desde
febrero, marzo, a veces antes, todos los días, dedicaba un tiempo especial y
ponía mi mejor empeño a la manualidad que iba a regalar a mi mamá, lo cual además
me costaba mucho trabajo, porque, eso de las manualidades no se me daba, y ni
me gustaba. Por supuesto también siempre participaba en los festivales del día
de las madres, algún bailable, poesía, coro, en fin. Pero mi mamá, que ahora ya
lo veo bajo otra óptica, nunca, literalmente nunca iba a los festivales y poco
le importaban los regalos hechos por mí, con tanto cariño y esmero, el por qué
de la conducta de mi mamá ante dichas situaciones. A los festivales no iba,
porque ella, al hacer el papel de padre y madre, trabaja todo el santo día y
todos los días para poder subsanar los gastos que implica tener tres hijos, y
por otro lado su personalidad, es osca, es un ser humano y no es perfecta, por
lo tanto, hacia caso omiso y no le daba ninguna importancia al regalito que
había hecho durante tantos días, incluso comentaba con cierto enojo:
“en
eso gastaron el dinero las “madres, ha como se ve que no les cuesta ganar el
dinero, yo quisiera que me dijeran en qué árbol puedo ir a cortar el dinero,
porque se dedican sólo a pedir para gastarlos en porquerías”.
Por supuesto como niña, mi
frustración aumentaba no sólo porque mi mamá no iba a los festivales, también
porque el regalito que había hecho quedaba arrumbado en cualquier parte de la
casa, después de haber expresado su opinión al respecto y decir una retahíla de
palabras muy al estilo chiapaneco. Durante muchos años me dolió mucho eso,
ahora entiendo que mi mamá vivía preocupada y ocupada en darnos de comer y
generar para cubrir nuestras necesidades. Por lo tanto los festivales eran secundarios en su escala de prioridades y los
regalitos solo representaban un gasto innecesario. Con el tiempo lejos de
sentirme agraviada por la actitud de mi mamá, por los eventos antes
mencionados, he sido compasiva con todo lo que vivió al hacerla de padre y
madre.
Pero desde ese entonces me
dije, cuando sea mamá, no faltaré a un
festival del día de las madres y valoraré los regalos que mis hijos, o hijas me
hagan, sin importar si están bonitos, feos o sean inservibles o útiles. Por
supuesto he ido a todos los festivales del día de las madres y he disfrutado
enormemente cada gesto, palabra y acción que mis hijas hacen en los festivales,
incluso añoro que en los niveles educativos que están mis hijas las grandes, ya
no hagan dichos eventos.
Los regalos, manualidades,
cartitas que mis hijas me han hecho para cada 10 de mayo, no sólo me hacen
feliz en el momento, los guardo y atesoro, porque con el tiempo los vuelvo a
leer y me llenan de alegría al recordar el amor con el que me los hicieron.
No he faltado a ningún
festival, he valorado cada regalo y además he estado todos los diez de mayo,
desde que soy mamá con mis hijas. Algunos
diez de mayo, pocos, pero logré pasar ese día con mis hijas y mi mamá, porque
mi mamá con el tiempo, después de cumplir su papel de proveedora con sus hijos,
ha disfrutado que estemos con ella ese día.
Este año, las cosas cambian,
me voy a pasar el día con mi mamá, pero estoy con el corazón partido porque por
un lado me alegra poder estar ese día con ella, pero también me duele dejar a
mis hijas. Después de pensarlo mucho, ahora que mi mamá está pasando por una
situación difícil de salud y que aún me reconoce, y con lo narrado sobre el 10 de mayo, bien vale la
pena hacer un viaje para estar con ella y disfrutarla, consentirla y retribuir
un poquito de lo mucho que mi mamá me dio, aunque parte de mi corazón se quedé
en Puebla.
2013.
Fabi:
ResponderEliminarLo que más valoro de lo que narras, es la fortaleza que tuviste para encontrarle el lado positivo a los modos de ser de tu mamá. Otra persona, con la misma experiencia, podría haber justificado su amargura o una baja autoestima. Tú en cambio lo aprovechaste para actuar distinto con tus hijas e inclusive con tu mamá.
Te abrazo amiga, en este día de madres.
Vero
Gracias amiga, mil gracias por tus palabras, me reconfortan mucho. Te abrazo con cariño Vero.
ResponderEliminar