sábado, 5 de julio de 2014




Cuatro meses

Por Fabiola Guerrero Ojeda.

Hoy se cumplen cuatro meses de tu partida, tu olor en el cojín rosa prácticamente ya se extinguió, pero tu imagen y amor en mi corazón están más vivos que nunca. No hay un solo día que no piense en ti, veo tus fotos y me duele, me duele mucho saber que no te volveré a ver. La muerte es inevitable, es fea, no me gusta pero quiero pensar que tú estás bien, tu cuerpo descansa en el panteón de tu amado Arriaga, Chiapas y pienso que tu alma se encuentra en un lugar de paz. A pesar de saber que ya no estás físicamente acá, con tus hijos, con tu gente te busco todos los días, trato de ver alguna señal de ti en la vida y me doy cuenta que no la hay que lo más tangible que puede haber de ti  es el amor que te tengo, el amor que sembraste en mi interior, ese amor caracterizado por un sinfín de evidencias. A tu modo, muy a tu modo, pero ahora más que nunca sé, tengo la total certeza de lo mucho que me amaste. Te extraño mucho mamá, me haces tanta falta, hoy se cumplen 4 meses de tu partida. 

domingo, 13 de abril de 2014

Despidiéndome
Por Fabiola Guerrero Ojeda.

Hace 40 días mi camino de la vida llegó a su fin, ahora gozo de una paz eterna, de la compañía y presencia de Dios. Acá las situaciones son diferentes, no hay preocupaciones, todo es PAZ. Sé que mis hijos, mi amado Gordo, me extrañan, están tristes por mi partida, les duele no volver a verme, entiendo muy bien su sentir porque eso viví cuando mis padres se fueron, cuando Natalia se adelantó, vivan su duelo, eso es natural es parte del proceso que tienen que vivir ante mi partida, también sé que Rosita y Candita quienes me cuidaron con cariño me extrañan, sé que mis amigas, algunos familiares y mis vecinas sienten tristeza por mi partida.
A mis hijos y a mi amado esposo les marcó la vida mi marcha, los veo con una gran tristeza y no duden que estoy con ustedes en cada paso y momento de dolor, viendo sus lágrimas, pero no se preocupen, ahora no sólo los cuido mucho más que antes, estoy más cerca de ustedes que cuando estaba allá, los veo hacer sus vidas y entiendo, comprendo su sentir porque me aman y los amo, hay una lazo de amor que nos une y unirá siempre, vivan su duelo, no se dejen llevar por lo que dicen los demás, ustedes hagan lo que consideren pertinente para sobrellevar mi ausencia. Algún día nos volveremos a ver y entonces yo los recibiré llena de amor y júbilo, por lo pronto me gusta que me recuerden en todos los momentos y etapas de vida, todas fueron significativas y de crecimiento para mí.
A mis hijos les quiero decir que acá estoy vigilando cada uno de sus pasos, siento más orgullo y amor por lo que han hecho de sus vidas, ahora estoy màs convencida que formé buenos hijos, que mis afanes y cuidados están ya recompensados con su brillante instrucción, educación, por la vida que llevan, nunca olviden que los amo, que mi amor no se extinguió con mi marcha, al contrario, ahora tengo la capacidad de poder cuidarlos más.
A mi amado esposo le quiero decir que estoy acá gozando de paz pero también estoy con él, a su lado, acompañándolo en cada momento, no me gusta verlo triste, ni me gusta verlo llorar, y cuando veo sus lágrimas lloro con él, entiendo su tristeza y dolor porque las cosas allá son muy diferentes.
Hijitos  cuando estemos juntos otra vez comprenderán lo que les digo, mientras tanto vivan a plenitud, que ustedes son la mejor evidencia de mi paso por la vida. Eliseo vive y disfruta a nuestros nietos que ellos dentro de sus pocos años de vida sé que también les duele mi ausencia, pero más le duele verlos a ustedes tristes. A todos les digo vivan honrando mi memoria y recuérdenme.  En cada momento que me evocan y piensan en mí, tengan la seguridad que estoy ahí a su lado  carcajeándome con ustedes. En las situaciones de la vida estoy a su lado acompañándolos con mi infinito e incondicional amor. Cuando quieran estar más cerca de mí sólo oigan su corazón para sentir mi amor y presencia, pero de otra forma, de una forma que la razón humana no logra entender mientras estén allá. Los amo.
MALVINA OJEDA OJENDIS. 20 febrero 1938 – 5 de marzo 2014.
13 de abril, 2014. Arriaga, Chiapas.                                                                          

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domingo, 6 de abril de 2014

Un mes



Las personas que amamos, nuestra gente no se va, caminan todos los días a nuestro lado, viven por medio de nuestros recuerdos.

Mami, hace un mes partiste con Dios, aún me duele tu adiós, aunque ya lo esperaba y sé que estás mejor, eso no quiere decir que no me da tristeza tu ausencia, dejas un hueco en mi vida que nadie podrá llenar. Estoy convencida que la persona que más me quiere en la vida ha dejado ésta vida para ir al encuentro de Dios.
A pesar de que la realidad me dice que te enterramos hace un mes, te siento  cerca de mí, muy cerca, percibo que me cuidas más que antes. Cuando era chica me decías: eres la niña de mis ojos. Siempre me dijiste que me querías porque era tu única hija mujer, después llegó Natalia, pero sé que no por eso me dejaste de querer. En tu vida  y corazón ocupé un lugar especial, ahora entiendo  lo mucho que me quisiste y me sigues queriendo porque la muerte sólo hace que tú ya no estés físicamente acá, pero  tú cariño y protección, tu inconmensurable amor, persisten dentro de mí.
Mami, los días pasan y tu ausencia me deja un vacío indescriptible, un hueco que jamás nadie podrá llenar. Tu muerte mami, ha marcado mi vida, me abrió la puerta a una serie de preguntas sin respuesta, no es que no acepte tu partida, al contrario, sé que estás mejor, dejaste de sufrir, tu vida llegó al punto de inicio, es decir al final, el ciclo concluyó, pero eso no quiere decir que no me duela que ya no estás acá, es una tristeza irremediable.
Hace un mes mamá, contemplé tu rostro, tu cuerpo, trataba de registrar cada una de tus facciones, sabía que eran las últimas horas que podía besar tus manos, tocar tus dedos, acariciar tus mejillas, jugar con tu nariz, besarte una y otra vez la frente, olerte, jugar con tu cabello, tu cabello es una de las cosas que más me gustan de ti, intenté grabarte en mi memoria, no sabía que no había necesidad, tu presencia,  rostro, sonrisas,  voz, me acompañan todo el tiempo, no sabía que no era necesario guardar la última imagen de tu rostro y tu cuerpo.
Mamá ahora sé que tú vivirás eternamente en mí, no sólo por el gran amor que te tengo y que  me tienes, vives en mí porque yo vengo de ti, porque al irte dejas en la vida parte de tu vida en mi vida.
A un mes de tu partida mami, vives y vivirás en mi  corazón. Descansa en paz mí siempre amada Rorra, mi Chunca, mi Juchiteca, mi Generala, mi madre. Te amo mamá.

Tu hija Fabiola Guerrero Ojeda.


6 abril, 2014.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Cuando el dolor es inefable

Por Fabiola Guerrero Ojeda.


¿Cómo explicar que el dolor me carcome por dentro? ¿Qué no encuentro razones, ni explicaciones lógicas para los eventos que están sucediendo? Le doy vueltas y vueltas en la cabeza, hay noches que me quita el sueño, que no sólo me preocupa la situación, sino también quisiera encontrar una solución a esa problemática. Sé muy bien que no estás sola que las personas que te cuidan, te quieren, te asisten en todas tus necesidades, pero eso no aminora tu dolor, tu situación y mucho menos cambia por lo que estas pasando.  Cuando alguien me pregunta y qué tiene, sólo alcanzo a responder depresión, pero en realidad ya no estoy tan segura de eso, aunque clínicamente hablando se han dicho varios diagnósticos sobre tu estado de salud actual, incluso los especialistas dicen que ya es una estado complejo por la edad y los eventos sucedidos, yo no sé, no estoy tan convencida de ello. Creo que más bien tú misma quisiste alejarte de tu realidad, huir de algo que te lástima mucho, que no puedes asimilar, ni vivir con ello ¿cuál es en realidad el motivo? Sólo tú lo sabes. Por mucho que trato de indagar no encuentro una respuesta para algo tan tuyo, tan personal y que llevas tan dentro de ti.  Me he desgastado pensando y analizando la situación con el afán de encontrar soluciones y hasta ahora no encuentro una, por lo tanto la mejor postura que puedo tomar ante lo que pasa es seguir acompañándote, estar contigo, que sientas mi presencia aunque sea esporádicamente, que percibas mi amor y profundo agradecimiento. Porque sin lugar a  duda la solución no está en mí, no está en mis manos que tú estés bien, que vea por lo menos algo de la mujer que algún tiempo fuiste. Por otro lado todo esto me lleva a reflexionar sobre la naturaleza humana, la fragilidad en la que vivimos, lo susceptible que somos a cualquier evento inesperado, lleno de dolor, como lo que a ti te pasó, la pérdida de una hija. Qué duro es ver que la vida a pesar de lo hermosa que es,  puede perder sentido en cualquier momento. El hilo que nos sostiene entre el estar bien y estar mal es demasiado frágil, endeble, prácticamente invisible. Que la aparente calma en la que vivimos día a día se puede ver interrumpida por hechos completamente ajenos e incontrolables a nosotros mismos, quienes podemos ser los más afectados. Esos episodios de la vida amargos, dolorosos, crudos, inefables, no sólo nos pueden quitar tranquilidad, nos pueden robar todo lo que hemos alcanzado durante años de vida. Durante toda nuestra vida. Por ello cuando el dolor es inefable, creo no hay recetas, no hay respuestas, no hay nada que pueda solucionarlo, más que una fuerza poderosa que esta fuera de lo tangible, de lo terrenal y que sólo lo puede dar el amor y fe a Dios, a alguien superior a todo ser humano.

jueves, 19 de septiembre de 2013



Por Fabiola Guerrero Ojeda
Septiembre mes de lluvia y olor a tierra mojada. El verde predomina en los jardines, los ríos alcanzan su cauce.
La lluvia representa vida, y la lluvia  se presenta y ofrece lo que tiene el agua. El agua que cae sin cesar y regala un colorido a muchos ojos.
La lluvia se priva con violencia  para el renacer,  gozar de belleza, naturaleza y vida.
Desnudándose poco a poco, con docilidad y paciencia los despojos de la lluvia. Se presenta un banquete de vistas, esplendor y naturaleza.
Cuando no pasa nada, pero pasa todo con un fenómeno natural tan común, la sorpresa  no es sorpresa, es la normalidad. Es un acto que hemos visto y vivido un sinfín de veces.


Quizá la lluvia nos regala, no lo que no le sirve, más bien lo que ella sabe hacer. Se despoja, se desnuda de lo que es y lo que tiene y aparecen los despojos de la lluvia.

viernes, 13 de septiembre de 2013

El llanto del viento

Por Fabiola Guerrero Ojeda
Ella no es más que una mujer común y corriente, repleta de ilusiones, esperanzas, miedos, temores, alegrías, amores, pasiones, sentimientos, enojos, un ser humano concreto, común y corriente. Pocas cosas disfruta y repela al mismo tiempo como el viento, la caricia del aire y su   chillar. Cuando el viento habla y no habla para ella, el rumbo, su rumbo toma otra camino, un camino ajenjo, lleno de dolor, porque a pesar de oír esos mugidos de dolor, lo prefiere, y no  su indiferencia, rechazo, descortesía. Él viento llora como llora ella, pero aunque el llanto del viento no le gusta, lo detesta, prefiere oírlo el  a no oír nada, a no sentir los golpes que le da.
A veces, no es ese personaje que la lleva a la dualidad, y menos el llanto del viento, entonces ese aire, cálido, pero no porque de calor físico, sino por la calidez humana con la que la envuelve, ese aire, si le gusta, lo goza, lo disfruta, se siente acompañada, se sienta amada, se siente aceptada, así como es, terca, pero a la vez sumisa, tosca pero a la vez dócil, y no son contradicciones en su personalidad, simplemente es, así tal cual, deja vivir sus emociones, sentirlas, aunque duelan, aunque laceren en lo más profundo de su ser, de su alma, en los rincones más inhóspitos, que existen, ahí están.

Entonces es cuando el viento se puede convertir en su mejor amigo, en su más fiel aliado o en su peor enemigo, en su verdugo. Juega con ella, juega para hacerla repelar, para hacerla sonreír, la hace vivir, pero también el llanto del viento, a veces la hace sufrir.

jueves, 29 de agosto de 2013

En el estadio



Por Fabiola Guerrero Ojeda.

Ir a ver un partido de fútbol,  no sólo es ir a ver goles y las jugadas. Ir al estadio representa más motivos y quizá, mucho más atractivos, sobre todo cuando el partido no está bueno.

Ver, sentir y apreciar el ambiente que se da en el estadio es mucho más enriquecedor, sobre todo, contemplar cómo actúan los diferentes espectadores.

El Sr. que siempre da instrucciones al técnico y le grita lo que debe hacer, con voz autorizada y como si fuera el mejor técnico de la liguilla. El joven que se ve en el  jugador pensando, que él haría mejores pases y correría más como delantero. La Sra. que acompaña a su esposo porque lo que más le gusta es ir fut, pero a ella no tanto y más bien es una escape a los problemas cotidianos. La Güera es la Sra. que vendé las cervezas y siempre está muy activa, sube y baja escaleras, hace mucho más ejército que una mujer que paga una buena cantidad en el gimnasio de moda y sólo va a lucir sus última cirugías o el conjunto deportivo de la última temporada. El joven de las pizzas que no le importa si el partido esta bueno o malo, ni cuantos puntos llevan acumulados los equipos en la liguilla, más bien, lo que le interesa es que los que están en estadio no traigan nada en el estómago para que le compren un pizza y un refresco para acompañarla su comida. El Capi, el famosísimo Capi, que vende las mejores camitas del estadio y hay que estar pendientes cuando llega porque para el medio tiempo ya no tiene una sola cemita. Los jugadores de fuerzas básicas que están con cara de aburridos y hastío pensando que ellos son mejores, pero no se explican por qué  no les dan la oportunidad de estar ya en la cancha. El Sr. de los cacahuates, garbanzos, pepitas que ofrece su producto sin gritar  porque parece que todo el tiempo está cansado. La Sra. que grita y grita, regañando a todo mundo, incluyendo al hijo que está a su lado porque aún no le compra su cerveza.
Los periodistas de deportes que más bien se sientan a comer en lugar de cubrir el evento, y después escriben su nota refriteando lo que escribieron del partido pasado y sólo la actualizan con uno que otro detalle. Las porra que baila y no deja de cantar  un sólo instante y los jugadores ni se inmutan por dar su mejor esfuerzo, por lo menos para agradecer no sólo el dinero que se gastaron los porristas para comprarse la playera autentica de su equipo, gastándose  parte de su semana o quizá todo su sueldo de la semana. El director técnico que da manotazos, mienta madres, da instrucciones y los jugadores hacen como que lo oyen peor por dentro también le están mentando la madre. Los de palcos que ven con desdén a los de zona de sol, quienes ya no saben que ponerse para evadir aunque sea un poco lo que avientan los de palcos.


Y yo ahí sentada, con mis 46 años, viendo todo el espectáculo, acompañando, contemplando y a veces sin saber ni quién está jugando y cuando me preguntan cómo estuvo el partido, respondo también con una pregunta ¿con quién jugo el Puebla?