Buscar otros horizontes.
Por Fabiola Guerrero Ojeda.
Porque sólo enfrentando el bien al mal podemos apreciar
plenamente a ambos. En una jaula llena de leopardos ¿quién podría distinguir
una mancha? Y en un cielo lleno de santos ¿quién se fijaría en una acción
virtuosa. Del Marqués de Sade.
El vivir todos los días una rutina,
convivir con las mismas personas y estar en un mismo contexto, muchas veces nos
hace perder de vista lo que está sucediendo en nuestras vidas.
La compañía de personas que tienen un
determinado perfil, gustos e intereses distintos o que no sean del todo
similares a los nuestros, esa unidad tarde o temprano no sólo nos hace que no
veamos la diferencia entre el proyecto de vida que tenemos, sino que también no
veamos lo que está pasando en nuestra propia vida, al dar otro giro a nuestro
proyecto inicial, solapamos, permitimos ideas, actitudes que no compartimos y
al hacerlo estamos siendo cómplices de lo que antes rechazábamos al dejar que
las actitudes de otros sean ahora parte de nuestras actitudes.
La tradición oral nos dice: dime
con quién andas y te diré quién eres
la diversidad entre otras personas y estar seguros de lo que somos, nos
hace pensar que nunca vamos a cambiar, pero a veces sin darnos cuenta ya
estamos inmersos en eventos y situaciones distantes a nuestros objetivos.
El mal jala más que el bien y eso es
muy humano, es parte de nuestra humanidad, es una debilidad; a veces ante
ciertas situaciones decimos, pensamos y actuamos de una forma diferente a lo
que en algún momento éramos.
Estos eventos se presentan más en los
jóvenes sobre todo para ser “aceptados” en un grupo determinado de “amigos” pueden
cambiar su forma de expresarse, modificar conductas desde muy leves hasta
completamente dañinas; esa necesidad de aceptación en muchos casos no cambia ni
con la edad, es decir personas adultas transforman su forma de ser y toman
actitudes opuestas a lo que realmente piensan por la necesidad de aceptación.
Sorprende cuando una persona era de
una forma, tenía un estilo de vida definido y al cabo de un tiempo vemos que
cambió y esa transformación fue para mal.
El estar sumergido en relaciones del
tipo que sean, amistad, amorosas, laborales, nos hace no darnos cuenta que
nuestros intereses, forma de ser y estilo de vida ha cambiado de forma
negativa.
La primer alerta ante ello puede ser
el que con frecuencia nuestro sentir sea de insatisfacción, de incomodidad, de tristeza,
ante ello lo mejor es buscar otros horizontes salirse un poco de la situación y modificar
conductas, cambiar amistades, erradicar la convivencia con la o las personas, o
situaciones que nos han llevado a eso.
Es fácil decirlo pero hacerlo,
llevarlo a cabo cuesta trabajo, pero si ante lo que se está viviendo y
sintiendo es la única salida, entonces busquemos otros horizontes aunque cueste trabajo es necesario llevar a
cabo esos cambios para regresar a lo que éramos, volver a nuestra esencia y
comprometernos con nuestros ideales independientemente de ser aceptados o
rechazados por un grupo determinado de personas que no comulguen con esas
ideas, retomar el sendero vale la pena…busquemos otros horizontes.
Diciembre 2012.
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