miércoles, 19 de diciembre de 2012


Buscar otros horizontes.

                            Por Fabiola Guerrero Ojeda.

Porque sólo enfrentando el bien al mal podemos apreciar plenamente a ambos. En una jaula llena de leopardos ¿quién podría distinguir una mancha? Y en un cielo lleno de santos ¿quién se fijaría en una acción virtuosa. Del Marqués de Sade.

El vivir todos los días una rutina, convivir con las mismas personas y estar en un mismo contexto, muchas veces nos hace perder de vista lo que está sucediendo en nuestras vidas.

La compañía de personas que tienen un determinado perfil, gustos e intereses distintos o que no sean del todo similares a los nuestros, esa unidad tarde o temprano no sólo nos hace que no veamos la diferencia entre el proyecto de vida que tenemos, sino que también no veamos lo que está pasando en nuestra propia vida, al dar otro giro a nuestro proyecto inicial, solapamos, permitimos ideas, actitudes que no compartimos y al hacerlo estamos siendo cómplices de lo que antes rechazábamos al dejar que las actitudes de otros sean ahora parte de nuestras actitudes.

La tradición oral nos dice: dime con quién andas y te diré quién eres  la diversidad entre otras personas y estar seguros de lo que somos, nos hace pensar que nunca vamos a cambiar, pero a veces sin darnos cuenta ya estamos inmersos en eventos y situaciones distantes a nuestros objetivos.

El mal jala más que el bien y eso es muy humano, es parte de nuestra humanidad, es una debilidad; a veces ante ciertas situaciones decimos, pensamos y actuamos de una forma diferente a lo que en algún momento éramos.

Estos eventos se presentan más en los jóvenes sobre todo para ser “aceptados” en un grupo determinado de “amigos” pueden cambiar su forma de expresarse, modificar conductas desde muy leves hasta completamente dañinas; esa necesidad de aceptación en muchos casos no cambia ni con la edad, es decir personas adultas transforman su forma de ser y toman actitudes opuestas a lo que realmente piensan por la necesidad de aceptación.

Sorprende cuando una persona era de una forma, tenía un estilo de vida definido y al cabo de un tiempo vemos que cambió y esa transformación fue para mal.

El estar sumergido en relaciones del tipo que sean, amistad, amorosas, laborales, nos hace no darnos cuenta que nuestros intereses, forma de ser y estilo de vida ha cambiado de forma negativa.

La primer alerta ante ello puede ser el que con frecuencia nuestro sentir sea de insatisfacción, de incomodidad, de tristeza, ante ello lo mejor es buscar otros horizontes  salirse un poco de la situación y modificar conductas, cambiar amistades, erradicar la convivencia con la o las personas, o situaciones que nos han llevado a eso.

Es fácil decirlo pero hacerlo, llevarlo a cabo cuesta trabajo, pero si ante lo que se está viviendo y sintiendo es la única salida, entonces busquemos otros horizontes  aunque cueste trabajo es necesario llevar a cabo esos cambios para regresar a lo que éramos, volver a nuestra esencia y comprometernos con nuestros ideales independientemente de ser aceptados o rechazados por un grupo determinado de personas que no comulguen con esas ideas, retomar el sendero  vale la pena…busquemos otros horizontes.

Diciembre 2012.

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