martes, 11 de diciembre de 2012


Humildad contra soberbia.

                                                              Por Fabiola Guerrero Ojeda.

La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano.

 

San Agustín.


Siempre ha existido la soberbia, es uno de los pecados capitales, de los males del hombre en todos los tiempos, la soberbia  ha gobernado reinos, países, décadas, milenios y corazones enteros.

Todos en algún momento de la vida, hemos conocido, convivido con alguien lleno, enfermo de soberbia y nos asombramos de sus actitudes, de sus pensamientos, de la forma en cómo tratan a los demás.

Como seres humanos tenemos defectos, somos imperfectos, cometemos errores, pero quizá el defecto más agresivo es la soberbia porque de ahí se derivan muchos otros males, como el egoísmo, el ser despectivos, engreídos…la maldad en general.

Envenenarse de soberbia es ahogarse en un pozo profundo, caer en un abismo, del cual sólo con un análisis exhaustivo de nuestro interior podemos salir; porque a demás la soberbia nos hace ser tan magnánimos que no nos damos cuenta que estamos viviendo con una insolencia peculiar, que la necedad es lo que sobresale ante todo, que nuestros pensamientos, palabras, gestos e incluso una sola mirada nos hace ser no sólo despectivos, también crueles.

Y aunque la soberbia es difícil de erradicar, de curar existe el antídoto para ello la humildad, el darnos cuenta que somos humanos, que tenemos límites, que nadie está por encima de nosotros, que vivir en ese orgullo mal entendido nos hace llenar el corazón de sentimientos negativos.

La humildad probablemente es la mejor cura para la soberbia, es la solución a ese mal… vivir, hablar, actuar y pensar con humildad.

 

“Ser humilde significa reconocer que no estamos en la tierra para ver cómo podemos llegar a ser importante, pero para ver la diferencia que podemos hacer en las vidas de los demás"  Gordon B. Hinckley

Ser humildes nos permite pasar en apariencia por desapercibidos, no dejar huella  en nuestra vida o en la vida de quienes nos rodean, no ser reconocidos, no ser valorados, incluso recibir la indiferencia de los demás y aunque no es fácil pero vivir con humildad es lo único que nos puede salvar ante tanta arrogancia que vemos en nuestros semejantes.

Podemos ver mucho de la soberbia en niños pequeños desde cómo piden la cosas, cómo actúan con sus amigos, compañeros, con sus profesores incluso con sus mismos padres. Su conducta va sobre la línea de exigir porque consideran que se lo merecen todo que las personas que los rodean viven para rendirles cuentas a sus peticiones, a sus deseos y caprichos.

Es muy triste ver que las nuevas generaciones aún viven y actúan con mucho más soberbia por el sólo hecho de pensar que están en este mundo sólo para recibir porque así se les ha hecho creer.

También la soberbia puede ser confundida con el orgullo, y aunque tienen que ver y están relacionadas la pequeña diferencia es que el orgullo puede ser sólo una pose, un estado pasajero ante ciertos eventos o situaciones pero la soberbia es una forma de vida que se ha puesto incluso de moda, porque actualmente para contra restar la baja autoestima en los niños, adolescentes, jóvenes y adultos se han llenado de una soberbia para ocultar que finalmente  están muy vacios en su interior.

Como padres de familia, docentes y ciudadanos comunes y corrientes debemos fomentar la humildad  como la contraparte de la soberbia.

Diciembre 2012.

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