Humildad contra soberbia.
Por Fabiola Guerrero Ojeda.
La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece
grande pero no está sano.
San Agustín.
Siempre ha
existido la soberbia, es uno de los pecados capitales, de
los males del hombre en todos los tiempos, la soberbia ha gobernado reinos, países, décadas,
milenios y corazones enteros.
Todos en
algún momento de la vida, hemos conocido, convivido con alguien lleno, enfermo
de soberbia y nos asombramos de sus actitudes, de sus pensamientos, de la forma
en cómo tratan a los demás.
Como seres
humanos tenemos defectos, somos imperfectos, cometemos errores, pero quizá el
defecto más agresivo es la soberbia
porque de ahí se derivan muchos otros males, como el egoísmo, el ser
despectivos, engreídos…la maldad en general.
Envenenarse
de soberbia es ahogarse en un pozo profundo, caer en un abismo, del cual sólo
con un análisis exhaustivo de nuestro interior podemos salir; porque a demás la
soberbia nos hace ser tan magnánimos que no nos damos cuenta que estamos
viviendo con una insolencia peculiar, que la necedad es lo que sobresale ante
todo, que nuestros pensamientos, palabras, gestos e incluso una sola mirada nos
hace ser no sólo despectivos, también crueles.
Y aunque la
soberbia es difícil de erradicar, de curar existe el antídoto para ello la humildad, el darnos cuenta que
somos humanos, que tenemos límites, que nadie está por encima de nosotros, que
vivir en ese orgullo mal entendido nos hace llenar el corazón de sentimientos
negativos.
La humildad probablemente es la mejor cura
para la soberbia, es la solución a ese mal… vivir, hablar, actuar y pensar con
humildad.
“Ser humilde significa reconocer que no estamos en la tierra para ver cómo podemos llegar
a ser importante, pero para ver la
diferencia que podemos hacer en
las vidas de los demás" Gordon B. Hinckley
Ser
humildes nos permite pasar en apariencia por desapercibidos, no dejar huella en nuestra vida o en la vida de quienes nos
rodean, no ser reconocidos, no ser valorados, incluso recibir la indiferencia
de los demás y aunque no es fácil pero vivir con humildad es lo único que nos
puede salvar ante tanta arrogancia que vemos en nuestros semejantes.
Podemos ver
mucho de la soberbia en niños pequeños desde cómo piden la cosas, cómo actúan con
sus amigos, compañeros, con sus profesores incluso con sus mismos padres. Su
conducta va sobre la línea de exigir porque consideran que se lo merecen todo que las personas que los
rodean viven para rendirles cuentas a sus peticiones, a sus deseos y caprichos.
Es muy
triste ver que las nuevas generaciones aún viven y actúan con mucho más
soberbia por el sólo hecho de pensar que están en este mundo sólo para recibir
porque así se les ha hecho creer.
También la
soberbia puede ser confundida con el orgullo, y aunque tienen que ver y están
relacionadas la pequeña diferencia es que el orgullo puede ser sólo una pose,
un estado pasajero ante ciertos eventos o situaciones pero la soberbia es una forma de vida que se ha puesto incluso de moda, porque
actualmente para contra restar la baja autoestima en los niños, adolescentes,
jóvenes y adultos se han llenado de una soberbia para ocultar que
finalmente están muy vacios en su
interior.
Como padres
de familia, docentes y ciudadanos comunes y corrientes debemos fomentar la humildad como la contraparte de la soberbia.
Diciembre
2012.
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